El cliente bueno se había comido media empresa
Un distribuidor con cuarenta clientes. Uno pagaba puntual desde hacía años, así que se le fue ampliando plazo y volumen sin volver a mirarlo. Cuando llegó el primer retraso ya era el 38 % de la facturación, y su calificación llevaba dos trimestres bajando.
El pedido más grande del año
Cliente nuevo, pedido grande a noventa días. La aseguradora de crédito le daba un límite holgado, y esa fue la trampa: ese límite es el riesgo de todo el mercado repartido entre todos sus proveedores. Se sirvió una parte al contado y el resto a plazo.
La empresa había cambiado de manos y nadie se enteró
Mismo nombre, mismo interlocutor, mismos pedidos. Lo que no se ve desde fuera: la propiedad había cambiado meses atrás y los socios nuevos venían de dos sociedades cerradas con deudas. Eso no está en la calificación de crédito.
Pagaba a treinta y llevaba cinco meses pagando a setenta
Nadie lo había sumado, porque cada factura por separado parecía un retraso normal. Salió en la revisión mensual: el mismo cliente deslizándose un poco cada mes. Se le recortó el plazo antes de que el retraso fuera impago.
El banco apretó justo en el mejor año
Creciendo, con más circulante necesario que nunca y la línea de siempre sin acompañar. Había ido a las dos entidades que le sonaban: una dijo que no y la otra puso un precio imposible. Con su perfil encajaba en tres distintas, y ninguna era de las que había probado.